20 de marzo de 2011


Después del terremoto, Tokio sigue viva y respirando.

Mientras estoy aquí, bajando del tren en la estación de Shinjuku, Tokio, pienso en las miles de víctimas del terremoto que sacudió el noreste del país. En las decenas de miles de casas arrasadas por el tsunami, en los puentes derrumbados y las carreteras destruidas. En la falta del agua, del gas, de la electricidad. En el racionamiento de la comida.

Pienso en los pobladores de Fukushima, evacuados por el peligro de radiación, en los hombres que trabajan contra el reloj para controlar la catástrofe crisis de la central nuclear.

Sigo ensimismado y salgo a caminar por las inmediaciones de Shinjuku. Afuera hay sol, un cielo más azul que de costumbre anunciando que la primavera toca la puerta, que es época de sakura, tiempo de esperanza para aquellos que lo perdieron todo, y para nosotros.

Estoy a más de 200 Km. de los lugares devastados, en uno de los distritos de Tokio. Aquí no hay casas por el suelo, ni gente caminando entre los escombros. No hay pánico, no hay éxodo. Lo que sí hay es el agua, la luz, el gas. Muchos llevan puesto máscaras. Sí, son máscaras de uso diario y común para protegerse del frío, de la estación alérgica, del kafunsho.

En la parada de bus con dirección al aeropuerto de Narita pregunto a algunos japoneses cuáles son sus destinos, por qué se van. Manifiestan que son viajes planeados con anticipación, uno me dice que lleva a su hija a Hong Kong aprovechando las vacaciones escolares de la menor. Ante otra pregunta ninguno acepta que viaja porque Tokio está en peligro. Una becaria coreana me confiesa que se va porque tiene miedo. Otros extranjeros se excusan de comentar.

Hoy es sábado y no hay corte del suministro eléctrico. El servicio ferroviario funciona con normalidad. No hay vagones repletos de pasajeros como en horas punta, el famoso Rush Hour nipón. En la terminal del Shinkansen, el tren bala, no solo se embarcan, también hay quienes llegan.

Durante todo el día subo, bajo, salgo, entro, paseo por Ikebukuro, Ueno, Akihabara, Shibuya, Tokio, Kamata. Las tiendas por departamento tienen las puertas abiertas al igual que los restaurantes, cines, cafeterías, farmacias, librerías, el barrio electrónico. La plazuela de Hachiko tiene gente, es un punto de encuentro muy popular para quienes se citan en Shibuya.

Voy de compras a algunas tiendas de conveniencia, se nota la falta de pilas, de pan, de clínex, de agua embotellada. Le pregunto a un dependiente cuándo podré adquirirlas, me responde que en unos días más. Hay supermercados donde está racionada la venta del pan, del arroz, a una bolsa por persona. El gobierno ha pedido a los ciudadanos fuera de la zona de emergencia no acaparar artículos de primera necesidad.

Ayer se cumplió una semana del sismo. La escasez de los primeros días de ciertos productos básicos se va solucionando. Hay una situación especial. Un estado post terremoto. Unos cientos pueden estar abandonando la capital por los miedos naturales creado por la situación de la central nuclear en Fukushima. Pero la ciudad no está paralizada. Sigue viva, respirando.

Ahora es el momento de seguir a este pueblo. De continuar a su lado, solidarios. Uniendo esfuerzos para ayudar a los damnificados, nos necesitan allá en Iwate, en Miyagi, en Fukushima, en Ibaraki. Es el tiempo de la dulce retribución por todo lo que nos ha dado en este tiempo.

2 comentarios:

Elle ॐ dijo...

Dejo aquí el link de un projecto que se está armando para un ebook, para ayudar a los sobrevivientes, por ahi si te interesa agregar tu parte http://writefortohoku.wordpress.com/

Que estés bien

:)

enrique dijo...

Hola, ojalá llegue a tiempo mi colaboración. Gracias por la invitación

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