28 de julio de 2010


"Uno nunca puede aspirar a ser totalmente objetivo, pero se puede aspirar a ser honesto"

Lo afirma Javier Darío Restrepo, lo dice el maestro, entrevistado en La Octava Planta de la Cadena Ser, España, surge cuando conversan sobre Ryszard Kapuscinski.

1001 Medios publica una reseña formidable, también los tweets con las principales reflexiones.

Yo agrego un par más, escuchado al maestro:

@nipobloc: "Cuando uno decide ser ético, lo mismo cuando uno desea ser libre, no le pide permiso a nadie, es una decisión personal"

@nipobloc: "Todo ser humano tiene derecho a sus sueños y la ética es un sueño de perfección, de superación, de excelencia"

La Octava Planta permite insertar el podcast de la entrevista (vía ivoox), lo dejo aquí abajo para que lo disfruten o lo descarguen

Ir a descargar

24 de julio de 2010


A redoblar por los desaparecidos

Cuando era chico lo único que sabía del Uruguay era lo aprendido en el curso de  geografía. Luego, más tarde, aunque no muy tarde descubrí otro Uruguay: el de Artigas, en las letras de Onetti, Benedetti, Gelman, Galeano; en la música de Zitarrosa, Viglietti; y entre otros grandes nombres que no llegan hoy a mi memoria; y claro, en los cientos de historias de sus ciudadanos detenidos, torturados, asesinados y desaparecidos por la dictadura militar(1973-1985).
Hace algunos años atrás conocí a Gabriel y su 'El Gato Utópico' , con él aprendí a escuchar a El Darno, a Malena Muyala, un poco de murga y milonga. A comprender la lucha diaria de los hombres por vivir en libertad. Y sobre todo, a admirar al amigo, al compañero militante y combativo; al incansable guerrero de mil batallas, capaz de convertir en poesía su lucha contra la muerte.

Y en este andar y desandar entre la cotidianidad y la vida digital, como que me he olvidado de socializar (contradictorio  ¿no?), leo blogs con el lector de feeds y digo que después paso a dejar algún comentario, pero ese depués nunca llega. Hoy recibí un correo electrónico con pocas buenas noticias que me hicieron reflexionar sobre ello.

El post original fue una nota solidaria con Gabriel y todos los uruguayos por la "Marcha del silencio", que cada 20 de mayo es convocada para recordar a los desaparecidos durante la dictadura. Aunque nunca es tarde, recordemos esa hermosa canción que es "A redoblar"

21 de julio de 2010


Ramón Lobo, fiel a la verdad

Como siempre, Ramón Lobo no esconde ni calla nada. Entrevista en Tesis de Canal Sur Televisión, Andalucía, España.

Vía: Diario de Hoy




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18 de julio de 2010


Goran Bregovic (Vídeo)

Debo confesar que conocí la música de Goran Bregovic y su Wedding and Funerals Orchestra hace poco. Fue en uno de esos fines de semana en que el gran Ramón Lobo recomienda lecturas, música y otras cosas más que son un disfrute tremendo.

Bien, a partir de ese momento he escuchado la obra musical de este músico de Los Balcanes y es simplemente espectacular. Una mezcla de folklore, rock y música búlgara, según reseña la prensa mundial.

El ritmo contagiante se sus composiciones no deja indiferente a nadie. Aquí hay un vídeo de una improvisación que es genial:


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4 de julio de 2010


Hablando de fútbol: locos y soñadores

Después de que ya no están Brasil ni Argentina y Paraguay cayó frente a España,  nosostros los sudamericanos todavía seguimos soñando con Uruguay, que llegó a la cita del 2010 con partidos de "repesca". Y sobre el partido con Ghana se ha publicado y dicho de todo pero me quedo con un post formidable de Santi (Diario de Hoy) que es un golazo:

"A esas personas que se atreven a soñar las llamamos locos. Seguro que se acuerdan de alguno. A mí me emocionó el penalti con el que el loco Abreu eliminó a Ghana del Mundial de Suráfrica y llevó a Uruguay a las semifinales medio siglo después. Con 34 años, suplente, la piel tatuada como la de un arponero del Pequod, la sangre fría (que no es otra cosa que ausencia de miedo) de quien se atreve a soñar, Abreu le pegó a lo Panenka y marcó. En su árbol seguro que crecen palomitas." (leer completo...)

3 de julio de 2010


"Cuidado que la nostalgia mata"

 *Texto publicado originalmente el 8 de diciembre de 2005 y recuperado hoy del servidor antiguo.

Dicen que las historias de los inmigrantes son todas tan diferentes, todas tan iguales. Al comienzo, cuando uno recién llega vive con un pie acá y el otro allá. A pesar de no saber el día exacto o aproximado del retorno, se está haciendo planes para la vuelta, comprar una casita, un automóvil, el negocio propio. Porque vaya que uno extraña el barrio y su gente, los amigos, los árboles, sus comidas, sus olores y sus sudores. Todas aquellas cosas que pasaron desapercibidas cuando las tuvimos cerca y que hoy en la lejanía las echamos de menos.

Y así se van los días, que en el momento menos pensado ya se convirtieron en un cúmulo de años, pero nunca volvemos, en el fondo siempre queda la esperanza de estar de nuevo ‘en casa’, que cada día suena más lejana y ajena, porque ya muchos piensan que la casa está acá. Pero esa es otra historia que les contaré otro día.

Un par de años atrás, un amigo cansado de estar viviendo alejado de su esposa e hijo, decidió por fin alistar las maletas para llevar a cabo el tan ansiado retorno. Según él, decía que con esto dejaba de ser una máquina que solo enviaba remesas de dinero al Perú, para volver a ser esposo, padre, hijo y amigo, así en ese orden de cosas. Me pidió que lo acompañara al aeropuerto. Al llegar, las ventanillas para chequear los boletos y el equipaje todavía estaban cerradas, mientras decidimos caminar por los pasillos.

Escuchamos algunas voces a espaldas nuestras que preguntaban si hablábamos español. Fue doble la sorpresa de estas personas, una porque las respuestas a sus preguntas eran afirmativas y dos porque también éramos peruanos como ellos. Después de un qué tal, casi al unísono, y de las presentaciones de rigor pude conocer que se trataban de Jaime y José.

Jaime y José habían llegado juntos a éstas islas. Trabajaban en la misma fábrica y compartían la vivienda. Vivían en un lugar muy cercano al aeropuerto ‘una zona de playas’, dijeron. Como nunca antes habían visto el mar, desde su Huancayo querido era imposible divisar el océano en las costas del Perú, les gustó el sitio y ya llevaban ocho años ahí.

- ¿Y cómo les va? - pregunté.
- Aquí pues, extrañando Perú- dijo Jaime.
- Sintiendo nostalgia por lo nuestro- acotó José.
- Cuidado que la nostalgia mata - Dije por decir algo.
- Es verdad - respondió José -. Pero nosotros no queremos morirnos todavía. Reímos todos.
- Y tampoco podemos volver - completó Jaime -. Tú sabes, trabajando aquí podemos ayudar a nuestras familias que están allá.

Para evadirse de la nostalgia y de otras trampas que la vida ponía a diario, habían inventado un juego que después fue casi un ritual. Un ritual que era el complemento perfecto para acabar o comenzar la semana. De lunes a viernes, después de las jornadas diarias de trabajo, consumían grandes cantidades de horas para ver los vídeos de programas de la televisión peruana que alquilaban. Los sábados acudían a un local de comida peruana, porque los días laborables el restaurante repartía el almuerzo y la cena.

El domingo era el día de descanso y acudían al aeropuerto desde la mañana. Era una ocasión que coincidía con la llegada y la partida de muchos peruanos. Confundidos entre los abrazos  de las bienvenidas y los adioses que los familiares y amigos prodigaban por todos lados, eran parte de esas alegrías y tristezas, las hacían propias aunque nunca más los volvieran a ver.

Pero ahí estaban, preguntando cómo estaba el país a los que llegaban y abrazando y deseando buenas cosas a los que se iban. De esa forma acortaban la distancia con la otra orilla. De esta manera, la dura realidad de ser y sentirse extranjero era más soportable.

Fue en estas circunstancias que de pronto mi amigo estuvo estrechado, abrazado y colmado con una serie de buenos deseos para su viaje por Jaime y José. Nosotros nos despedimos con un hasta pronto, tal vez cercano o lejano, no lo sabíamos. Me despedí también de mis ocasionales acompañantes. Me entregaron sus números telefónicos  ‘para cualquier cosa’, dijeron. Al intentar devolver la gentileza me respondieron que no era necesario, no tenían la costumbre de molestar a las personas que conocían en el aeropuerto.

De vuelta a casa iba recordando a Fernando del Paso:

"Pensé en los italianos y los irlandeses que cruzaban el Atlántico a principios de siglos para ir a morir a Nueva York o Chicago sin haber dejado nunca de vivir en la Lombardia o en Limerick. Sentí pena por ellos, pero más pena sentí por mí mismo, porque a pesar de Shakespeare y de Kant, de San Buenaventura y de Leonardo, me había colocado yo a la altura de esos pobres inmigrantes que en el espagueti hilaban su nostalgia, y que cuando bebían Lachrima Christi se estaban bebiendo, en realidad, sus propias lágrimas."

*Texto publicado originalmente el 8 de diciembre de 2005 y recuperado hoy del servidor antiguo.
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