Algunas ocasiones encontraba a un Eladio Linaceros de El Pozo y otras a Brausens o Díaz Grey en la ciudad de Santa María. Repetidas veces a los esposos Kirsten y Montes jugando al eterno regreso y viviendo una soledad en pareja. También a muchas Ritas, la de Para una tumba sin nombre.
Nunca logré exorcizar estos demonios tal vez porque al mirarme en el espejo yo también era carne de vida marginal y no me daba cuenta.
"Ahora yo quiero una ola, pintar una ola. Descubrirla por sorpresa. Tiene que ser la primera y la última. Una ola blanca, sucia, podrida, hecha de nieve y de pus y de leche que llegue hasta la costa y se trague el mundo. Por eso ando por la playa".
(En Dejemos hablar al viento)
En el blog El Gato Utópico encontré una entrevista a Onetti. Está en su cama, esa de la que no se levantó hasta su partida:
literatura juan+carlos+onetti






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