18 de diciembre de 2005


Día internacional del migrante

El 18 de diciembre de 1990, la Asamblea General de las Naciones Unidas, adoptó la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares con la Resolución 45/158 . El 4 de diciembre de 2000 proclamó el Día internacional del migrante con la Resolución 55/93. Es un instrumento que sirve para proteger a todos los inmigrantes de los abusos y las violaciones de sus derechos.

La primera vez que participé de esta celebración fue en Tokyo, con el grupo de teatro "Cerro Huachipa" , cuando aún no había entrado en vigor la Convención por la falta de países ratificantes de acuerdo al artículo 87, en donde hicimos una representación-denuncia de la vulneración de los derechos de los trabajadores extranjeros, basado en el caso de un accidente laboral.

El 1 de Julio de 2003, la entrada en vigor de la Convención hizo que los organizadores de la celebración acordaran que los trabajadores migrantes tendrían la oportunidad de organizar y dirigir el evento. Esa vez, el grupo de grandes amigos y buenos compañeros que conformaban el G-6, agrupación de reflexión y acción que era parte del comité organizador, me invitaron a participar del mismo. Fue una experiencia aleccionadora.

En aquella oportunidad se formaron varios grupos de trabajo donde se discutieron temas como la familia y la educación, el trabajo, la comunidad y el idioma. También acerca de la legalización y discriminación de los extranjeros. Se pidió que Japón ratifique la Convención, que hasta la fecha no lo hace.

El día de hoy, mi homenaje va para todas aquellas personas, que como yo, tuvieron que dejar su casa para buscarse un futuro mejor y el de su familia en otras tierras. Y mi admiración y respeto a Mónica, Dante, Augusto y Fabio, que sin publicidad de por medio, desde su trinchera del Sindicato de Trabajadores Kanagawa City Union, vienen trabajando para que los derechos de todos los inmigrantes sean respetados. Y para todos aquellos anónimos personajes japoneses que nos acompañan y luchan junto a nosotros.

*Post recuperado

8 de diciembre de 2005


Lachrima Christi

Dicen que las historias de los inmigrantes son todas tan diferentes, todas tan iguales. Al comienzo, cuando uno recién llega vive con un pie acá y el otro allá. A pesar de no saber el día exacto o aproximado del retorno, se está haciendo planes para la vuelta, comprar una casita, un automóvil, el negocio propio. Porque vaya que uno extraña el barrio y su gente, los amigos, los árboles, sus comidas, sus olores y sus sudores. Todas aquellas cosas que fueron pasando desapercibidas cuando las tuvimos cerca y que hoy en la lejanía las echamos de menos.

Y así se van pasando los días, que en el momento menos pensado ya se convirtieron en un cúmulo de años, pero nunca volvemos, en el fondo siempre queda la esperanza de estar de nuevo ‘en casa’, que cada día suena más lejana y ajena, porque ya muchos piensan que la casa está acá. Pero esa es otra historia que les contaré otro día.

Un par de años atrás, un amigo cansado de estar viviendo alejado de su esposa e hijo, decidió por fin alistar las maletas para llevar a cabo el tan ansiado retorno. Según él, decía que con esto dejaba de ser una máquina que solo enviaba remesas de dinero al Perú, para volver a ser esposo, padre, hijo y amigo, así en ese orden de cosas. Me pidió que lo acompañara al aeropuerto. Al llegar, las ventanillas para chequear los boletos y el equipaje todavía estaban cerradas, así que decidimos caminar por los pasillos.

Escuchamos algunas voces a espaldas nuestras que preguntaban si hablábamos español. Fue doble la sorpresa de estas personas, una porque la respuesta a sus preguntas era afirmativa y dos porque también éramos peruanos, como ellos. Después de un qué tal, casi al unísono, y de las presentaciones de rigor pude conocer que se trataban de Jaime y José.

Jaime y José, habían llegado juntos a éstas islas. Trabajaban en la misma fábrica y compartían la vivienda. Vivían en un lugar muy cercano al aeropuerto ‘una zona de playas’, dijeron. Nunca antes habían visto el mar, desde su Huancayo querido era imposible divisar el océano en las costas del Perú. Así que les gustó el sitio y ya llevaban ocho años ahí.

- Y cómo les va? - pregunté.
- Aquí pues, extrañando Perú- dijo Jaime.
- Sintiendo nostalgia por lo nuestro- acotó José.
- Cuidado que la nostalgia mata - Dije por decir algo.
- Es verdad - respondió José -. Pero nosotros no queremos morirnos todavía. Reímos todos.
- Y tampoco podemos volver - completó Jaime -. Tú sabes, trabajando aquí podemos ayudar a nuestras familias que están allá.

Para evadirse de la nostalgia y de otras trampas que la vida ponía a diario, habían inventado un juego que después fue casi un ritual. Un ritual que era el complemento perfecto para acabar o comenzar la semana. De lunes a viernes, después de las jornadas diarias de trabajo, consumían grandes cantidades de horas para ver los vídeos de programas de la televisión peruana que alquilaban. Los sábados acudían a un local de comida peruana, porque los días laborables el restaurante repartía el almuerzo y la cena.

Y el día principal era el domingo, jornada libre, de descanso, y acudían al aeropuerto desde antes del mediodía. Era una ocasión que coincidía con la llegada y la partida de muchos peruanos. Se mezclaban con las bienvenidas y los adioses que los amigos y las familias prodigaban por todos lados. Eran parte de esas alegrías y tristezas, las hacían propias aunque nunca más los volvieran a ver.

Pero ahí estaban, preguntando cómo estaba el país a los que llegaban y abrazando y deseando buenas cosas a los que se iban. De esa forma acortaban la distancia con la otra orilla. Así, la dura realidad de ser y sentirse extranjero era más soportable.

Fue de esta manera que de pronto mi amigo estuvo estrechado, abrazado y colmado con una serie de buenos deseos para su viaje de parte de Jaime y José. Nosotros nos despedimos con un hasta pronto, tal vez cercano o lejano, no lo sabíamos. Me despedí también de mis ocasionales acompañantes. Me entregaron sus números telefónicos, ‘para cualquier cosa’, dijeron. Al intentar devolver la gentileza me respondieron que no era necesario, no tenían la costumbre de molestar a las personas que conocían en estas circunstancias.

De vuelta a casa iba recordando a Fernando del Paso:

"Pensé en los italianos y los irlandeses que cruzaban el Atlántico a principios de siglos para ir a morir a Nueva York o Chicago sin haber dejado nunca de vivir en la Lombardia o en Limerick. Sentí pena por ellos, pero más pena sentí por mí mismo, porque a pesar de Shakespeare y de Kant, de San Buenaventura y de Leonardo, me había colocado yo a la altura de esos pobres inmigrantes que en el espagueti hilaban su nostalgia, y que cuando bebían Lachrima Christi se estaban bebiendo, en realidad, sus propias lágrimas."

*Texto publicado originalmente el 8 de diciembre de 2005 y recuperado.

5 de diciembre de 2005


Asesinato en Hiroshima. Colofón de un post

Tengo la suerte de que algunos amigos visitan mi bitácora y sus comentarios me los hacen llegar por el correo electrónico. Dicen que he mostrado mucha tibieza en lo del asesinato de la niña Airi Kinoshita en Hiroshima. Quiero dejar bien en claro, que lo que escribí fue desde la perspectiva del tratamiento de la noticia por los medios de comunicación. Especialmente por el titular que apareció en la página web de RPP.

Y no trato de seguir pensando en el periodismo como un apostolado ni en los periodistas como mártires. Simplemente que a la verdad no se le puede perder de vista ante un hecho acontecido, por más horrible que éste haya sido. Un día antes que la policía mostrara la confesión del sospechoso ya aparecía como "el asesino" en el portal de noticias: olfato de viejo periodista comentó alguién. Nada más alejado de la verdad.

Claro que repudio y condeno el asesinato. Más aún, sigo consternado y sorprendido que el peruano detenido Juan Carlos Pizarro Yagui o José Manuel Torres Yake haya confesado ser el autor del crimen. Aunque las autoridades japonesas hayan considerado el hecho como algo aislado, existe el temor de los extranjeros residentes que afecte la imagen de su comunidad en general y de la peruana en particular. Sobre todo en una sociedad como la japonesa, donde el común del ciudadano tiende a generalizar lo que es foráneo, no distingue entre lo que es un nikkei o un peruano, un boliviano, un argentino. Para muchos todos son iguales de "gaijin" ( extranjero) y a la par lo mismo.

Ahora, como antes y como seguirá siendo después, se levantan las voces con sus dosis de moralina, la hipocresía de siempre. El por qué no se evitó que gente como el asesino llegara a Japón, por qué se le permitió acceder a un visado en el Consulado japonés y otras perlas más. Lo cierto es que ciento de veces con nuestros silencios cómplices, con nuestro mal entendido sentido de la solidaridad, con nuestra indiferencia, con eso de lo que le pasa al vecino no me concierne, apañanos y aceptamos actos fuera de la ley y en contra de las buenas costumbres.

Algunas voces representativas dicen temer que la comunidad extranjera tenga que soportar la mirada desconfiada del vecino japonés. Pero está en nosotros como personas, como colectivo, hacerles saber que en verdad fue un hecho aislado, que nuestros sentimientos también son de rabia, de dolor y de solidaridad con la familia afectada.

Porque no importa que los telediarios informen de japoneses que matan niños, de adolescentes que asesinan a sus padres o que decapitan a sus compañeros; se va haciendo algo cotidiano en la agenda nipona. Lo realmente alarmante y malo está cuando un extranjero se ve involucrado. Peor aún si es el cruel victimario.

Que todo el peso de la ley caiga sobre el asesino. Descansa en paz Airichan.

Como este es un post recuperado de los cientos que perdió mi servidor, al pie colocaré los comentarios con sus fechas:


Hannah (04/12/2005 - 17:52:00)
Tienes razón Enrique en lo que expones en este post. Ello pasa con todas las sociedades que son muy cerradas y endogámicas, además de chovinistas y xenofóbicas, dónde la única identidad que le reconocen al individuo es dual: "es de nuestro grupo de pertenencia" o "no es de nuestro grupo de pertenencia" Y no importa que el individuo en cuestión tenga ascendencia o no de ese lugar, para ellos foráneo y extranjero son equivalentes.Un abrazo entrañable.Hannah

Anonimo (05/12/2005 - 05:53:19)
RPP nunca ha sido una fuente de fiarse. Trabajan con un criterio simplista de "Vender" noticias sin verificar nada. Suelen practicar el copy and paste de forma descarada y convierten en "noticias" emails con leyendas urbanas, como la "alerta de un tsunami" en el 2001 o la contaminación con químicos en planta de Sedapal en la Atarjea. Siempre tengan cuidado con lo escuchen (ojo con el Rotafono porque jamas buscan equilibrar las fuentes) y con lo que ponen en Internet. Recuerden que es una radio intentando hacer periodismo escrito. Ah y para el connacional en Japón. Sería bueno que marque distancias y precise que en todas partes se cuecen habas.

Zuriñe Vásquez (10/12/2005 - 17:05:31)
Efectivamente esa alarma de los medios de comunicación no ayuda a nadie, y solo prentende aumentar audiencia. Ocurre aquí, en España, cuando marroquís, o latinoamericanos que están viviendo y trabajando realizan un acto de delicuencia. Se tiene a pensar que eso es lo que ha traido la inmigración además de agruparlos todos en el mismo saco de la desconfianza. Un abrazo Enrique


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