16 de agosto de 2005


Historia a la medida

Hace 60 años, el 15 de agosto de 1945 Japón aceptaba su derrota en la Segunda Guerra Mundial. Marcaba el inicio del fin del colonialismo japonés. Es verdad que fueron civiles las víctimas de las dos bombas atómicas arrojadas en suelo nipón (Hiroshima y Nagasaki) y también es cierto que el ejército imperialista llevó a cabo una brutal colonización en esta parte del Asia.

Comenzó con la anexión de Taiwan en 1895, la invasión de Corea en 1910 y China en 1930. Desde hace algunos años Japón ha venido reescribiendo su historia donde intenta minimizar su pasado colonizador, un pasado marcado por la barbarie y la brutalidad de sus acciones. En abril último, el Ministerio de Educación aprobó una nueva y controvertida modificación de los textos de historia donde se suaviza el accionar del expansionismo japonés y se ocultan las atrocidades cometidas durante la invasión a China en 1930 y la matanza de Nenkin (1937) donde fueron brutalmente asesinados cerca de 300, 000 chinos.

A ello hay que sumar las visitas que realiza por estas fechas todo Primer Ministro al Santuario Yasukuni, donde se venera a 14 criminales de guerra. Estos hechos crean tensiones con los pueblos asiáticos, especialmente con China y con las dos Coreas. Además, se le acusa de haber utilizado a cientos de miles de mujeres como esclavas sexuales durante la Segunda Guerra Mundial. Mujeres que fueron violadas y sometidas al servicio del Ejército Imperial Japonés. Mujeres de China, Corea del Norte y del Sur, Filipinas, Indonesia, Taiwan, Malasia y Holanda son las que sufrieron con este crimen.

Este año el Primer Ministro japonés Junichiro Koizumi, cumpliendo su anuncio, no ha acudido a visitar el santuario. En su lugar colocó una ofrenda floral en el Cementerio Nacional de Chidorigafuchi, en el Tokyo's Chiyoda Ward . Las flores fueron colocadas en la tumba para los muertos desconocidos de la guerra. Aunque manifestó que todavía está pendiente su visita anual al Yasukuni, pidió perdón por los daños y los sufrimientos causados por Japón en épocas de guerra e hizo votos para que su país nunca más emprenda acciones similares.

Sin embargo, dos de sus ministros acudieron a la capilla, así como un grupo de paralamentarios quienes manifestaron asistir como ciudadanos comunes. Esta fecha ha permitido a las dos Coreas, del Norte y del Sur, encontrar un acercamiento en sus tirantes relaciones. Delegaciones de los dos países se han reunido en Seúl para conmemorar el final de la ocupación nipona en sus territorios, de cuya división culpan a los japoneses.

Esta es la historia que los gobernantes y los pueblos no deben olvidar para buscar en común la paz del mundo.

7 de agosto de 2005


Nunca más

Foto: PFC



En la primera vez que visité Hiroshima, conocí a Jun, un niño japonés de 10 años al que encontré dibujando el 'Genbaku Domu', la armazón o el esqueleto de lo que un día fue el imponente Palacio Industrial de Hiroshima.

Una obra que fue diseñada por el arquitecto checo Jan Letzel en 1915. Durante su estadía en Japón, entre 1907 y 1923, construyó cerca de 40 edificios entre hoteles, palacios administrativos y residencias particulares. Su estilo del art nouveau tardío con la incorporación de elementos orientales y la aplicación de estructuras de hormigón armado en sus obras, fueron la base de su gran éxito en esta parte del Oriente.

Esta última característica hizo posible que el 6 de Agosto de 1945 cuando los Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad, el edificio resisitiera el impacto a pesar de encontrarse a sólo 160 metros del hipocentro.

Más allá se extiende el Parque de la Paz, donde el día de hoy más de 55.000 personas se han congregado para rendir homenaje y recordar a las casi 140.000 víctimas del holocausto nuclear que murieron instantáneamente y a las cerca de 250.000 muertos hasta la fecha.

A las 8:15 la ciudad quedó sumida en un silencio total, como hace 60 años cuando un B-29, el Enola Gay, lanzó su mortífera carga sobre la ciudad. El Museo de la Paz es un punto de referencia muy importante para entender las atrocidades de la guerra y del armamentismo nuclear; dentro de todo lo que se expone hay una muestra de objetos personales recuperados de aquel 6 de agosto, muñecos de cera y fotografías de las víctimas expuestas a la radiación, imágenes de la ciudad antes y después del manto negro que la cubrió.

A la salida hay varios cuadernos para los visitante donde se pueden anotar mensajes, una opinión; pero después de ver todo lo hay dentro uno se queda sin palabras y no creo que nadie termine su visita indiferente: sólo atiné a escribir ¡nunca más!

El pequeño Jun manifestó que a pesar de todo lo que le enseñaban en la escuela, de todo lo que le contaban sus abuelos, de lo que hablaban sus padres y las autoridades, no podía creer todavía que una cosa así hubiera sucedido. No imaginaba que tantas personas hayan podido morir de un momento a otro, como tampoco podía comprende que otros seres humanos lo hicieran.

Es díficil de creer, pero en el nombre de la paz cuantas agresiones, invasiones y guerras se han llevado a cabo, cuantas muertes, asesinatos y matanzas se justifican. Es difícil de creer pero la estupidez humana nos demuestra lo contrario.

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