25 de junio de 2005


Sin fines de lucro

Hace algunos días atrás unos amigos, padres de familias todos ellos, me invitaron para participar en la directiva de una asociación deportiva cultural (en ese orden), que sería la base para la formación de una escuela de fútbol para niños entre 6 y 12 años de edad. Claro está, dirigida a los hijos de los inmigrantes.

A pesar de que los niños asisten regularmente a las escuelas japonesa y algunos de ellos participan en academias japonesas deportivas, todavía queda un gran vacío para muchos que se espera llenar con la creación de esta institución. Uno de los principales objetivos es fomentar el deporte para estrechar lazos de amistad tanto entre los hispanohablantes como con otras comunidades étnicas y con la propia comunidad japonesa. Al mismo tiempo incentivar la participación de los padres junto a sus menores hijos para lograr una mejor integración familiar, que se ve afectada por las largas jornadas laborales a que estamos sometidos los extranjeros. En otras ciudades ya han comenzado a organizarse con actividades similares orientadas a los niños.

Uno de los factores que hizo que aceptara esta invitación fue el proyecto que se tiene sobre la difusión y la conservación de nuestra cultura de origen, el reforzamiento del idioma materno (español) y el pretender una integración multicultural entre los participantes y la comunidad japonesa que nos acoge. Hace unas semanas atrás leí un artículo sobre como el fútbol servía de vehículo para la integración de las comunidades de inmigrantes en Madrid, España; cuyas autoridades pretendían favorecer la convivencia y la tolerancia a través del mismo. (Tercer Mundialito de Fútbol de la Inmigración y la Solidaridad en España )

Aquí en Japón los diversos eventos deportivos que organizan los inmigrantes son de su exclusiva responsabilidad, bien sean agrupados en clubes, asociaciones o individualmente. Con esto se busca encontrar un momento de descanso y diversión después de la ardua semana de trabajo y al mismo tiempo se pretende conservar y ampliar los lazos de amistad y convivencia entre la comunidad latina y algunas veces con la participación deportiva de algunos equipos japoneses o de algún otro colectivo no latino. Ojalá que en algún momento no muy lejano se pueda seguir el ejemplo de España y convocar a las autoridades locales para lograr una nueva forma de integración. Y hablando en términos futbolísticos diría: la pelota está en nuestra cancha.

Sirva pués el fútbol como medio, para que nuestra niñez se alimente del bagaje cultural que representa lo latino y lo japonés. Sirva pués esto, para construir un futuro mejor. Y por supuesto, todo ello desde la labor propia del voluntariado: sin fines de lucro.

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